domingo, 23 de septiembre de 2012

¿Aprender o aprobar?

Otra semana más que pasa y las cosas siguen poniéndose interesantes. La asignatura de archivística y diplomática, que en un principio no me resultaba en absoluto cautivadora, poco a poco se está tornando atractiva e interesante. Por el contrario, la asignatura de paleografía (que no la paleografía) me está resultando bastante más decepcionante.
A raíz de unos acontecimientos acaecidos en el transcurso de esta semana, he estado pensando acerca del fin último de mis estudios y, especialmente, del de la universidad. ¿Es la universidad un lugar donde obtener un título y aprobar unos exámenes o es un lugar donde formarse y adquirir conocimientos? Desafortunadamente, esto depende en gran medida del profesor. Mucha gente se queja de que les tocan profesores duros y con los que es difícil aprobar, pero ¿no es acaso por eso por lo que han pagado esta matrícula tan abultada? ¿para aprender? ¿o quizás lo único que buscan es un aprobado? Está claro que el aprobado es algo fundamental y necesario, pero ni por asomo lo es todo. Personalmente prefiero sufrir con alguna asignatura que requiera un gran esfuerzo y una gran cantidad de trabajo a que me la "regalen", si esto se traduce en mayor conocimiento de la materia.
Está claro que mucha gente que está estudiando en la universidad no tiene intención de continuar sus estudios una vez finalizado el grado/licenciatura, e incluso otra gran mayoría se retirará del mismo sin finalizarlo. También es muy probable, porque así lo dicta la estadística, que aquellos que terminen el grado trabajarán (si encuentran trabajo, claro) en una serie de campos que acostumbran a ser siempre los mismos (docencia, funcionario público, archivero), pero eso no es una excusa, ni mucho menos, para dar menos materia o para tomarse la asignatura más relajadamente. ¿Y si aparece alguien que quiera ser paleógrafo o epigrafista? En caso de que el profesor busque hacer sencilla la clase, lo más seguro es que al final esa persona lo único que sepa hacer perfectamente es transcribir unos textos que han sido trabajados cientos de veces en clase, pero que cuando se encuentre ante otros textos, tenga que sudar sangre para transcribirlos. Además, se verá obligado a usar manuales, no como recurso que sirve de apoyo, si no que tendrá que usarlos de manera forzosa, pues se enfrentará a una serie de elementos que, por su ausencia en los textos que domina, y por la ausencia de conocimiento (debida a que su enseñanza estuvo destinada única y exclusivamente a aprenderse esos textos), le resultarán totalmente desconocidos. Es como si en epigrafía empezásemos a trabajar solo unos inscripciones determinadas, siempre las mismas, de la época de los Julio-Claudios, en las que la dedicatoria a los Dioses Manes está del siguiente modo:

DIS MANIB

Si el profesor, además de trabajar solo esa forma, no nos explica las otras posibilidades porque no saldrán en el examen (está claro que en el examen saldrá una inscripción trabajada en clase), el que quiera ser epigrafista y se encuentre

DM

o

DMS

dudará y se verá obligado a consultar un manual, paso que se podría haber evitado, para saber que eso es D(iis) M(anibus) o D(iis) M(anibus) S(acrum).

Dicho esto, lo único que espero es que en lo que me queda de carrera me encuentre con buenos profesores de los que aprender y con los que formarme adecuadamente.

¡SALUD!

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