Otra semana más que pasa y las cosas siguen poniéndose interesantes.
La asignatura de archivística y diplomática, que en un principio no me
resultaba en absoluto cautivadora, poco a poco se está tornando
atractiva e interesante. Por el contrario, la asignatura de paleografía
(que no la paleografía) me está resultando bastante más decepcionante.
A raíz de unos acontecimientos acaecidos en el transcurso de esta semana, he estado pensando acerca del fin
último de mis estudios y, especialmente, del de la universidad. ¿Es la
universidad un lugar donde obtener un título y aprobar unos exámenes o
es un lugar donde formarse y adquirir conocimientos? Desafortunadamente,
esto depende en gran medida del profesor. Mucha gente se queja de que
les tocan profesores duros y con los que es difícil aprobar, pero ¿no es
acaso por eso por lo que han pagado esta matrícula tan abultada? ¿para
aprender? ¿o quizás lo único que buscan es un aprobado? Está claro que
el aprobado es algo fundamental y necesario, pero ni por asomo lo es
todo. Personalmente prefiero sufrir con alguna asignatura que requiera
un gran esfuerzo y una gran cantidad de trabajo a que me la "regalen",
si esto se traduce en mayor conocimiento de la materia.
Está
claro que mucha gente que está estudiando en la universidad no tiene
intención de continuar sus estudios una vez finalizado el
grado/licenciatura, e incluso otra gran mayoría se retirará del mismo
sin finalizarlo. También es muy probable, porque así lo dicta la
estadística, que aquellos que terminen el grado trabajarán (si
encuentran trabajo, claro) en una serie de campos que acostumbran a ser
siempre los mismos (docencia, funcionario público, archivero), pero eso
no es una excusa, ni mucho menos, para dar menos materia o para tomarse
la asignatura más relajadamente. ¿Y si aparece alguien que quiera ser
paleógrafo o epigrafista? En caso de que el profesor busque hacer
sencilla la clase, lo más seguro es que al final esa persona lo único
que sepa hacer perfectamente es transcribir unos textos que han sido
trabajados cientos de veces en clase, pero que cuando se encuentre ante
otros textos, tenga que sudar sangre para transcribirlos. Además, se
verá obligado a usar manuales, no como recurso que sirve de apoyo, si no
que tendrá que usarlos de manera forzosa, pues se enfrentará a una
serie de elementos que, por su ausencia en los textos que domina, y por
la ausencia de conocimiento (debida a que su enseñanza estuvo destinada
única y exclusivamente a aprenderse esos textos), le resultarán
totalmente desconocidos. Es como si en epigrafía empezásemos a trabajar
solo unos inscripciones determinadas, siempre las mismas, de la época de
los Julio-Claudios, en las que la dedicatoria a los Dioses Manes está
del siguiente modo:
DIS MANIB
Si
el profesor, además de trabajar solo esa forma, no nos explica las
otras posibilidades porque no saldrán en el examen (está claro que en el
examen saldrá una inscripción trabajada en clase), el que quiera ser
epigrafista y se encuentre
DM
o
DMS
dudará
y se verá obligado a consultar un manual, paso que se podría haber
evitado, para saber que eso es D(iis) M(anibus) o D(iis) M(anibus)
S(acrum).
Dicho esto, lo único que espero es que en lo que me queda de carrera me encuentre con buenos profesores de los que aprender y con los que formarme adecuadamente.
¡SALUD!
domingo, 23 de septiembre de 2012
¿Aprender o aprobar?
0:21
General, ULPGC, Universidad
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